Durante la Edad Media se consumía bastante cerveza, pues además de servir de alimento, también era un producto barato.
Quienes la elaboraban en muchas ciudades de
Europa, y también en Castilla, eran mujeres. En aquella época se llamaban
alewives, lo que en la actualidad serían cerveceras.
Lo curioso es que su indumentaria habitual era
una sombreo alto negro para que fuesen localizadas fácilmente en el mercado.
Elaboraban la cerveza en sus casas en calderos donde hervían el grano,
colocaban como reclamo una escoba en la puerta cuando había acabado el proceso
de elaboración y siempre tenían un gato para proteger el cereal de los ratones.
Cuando se empezaron a regular los oficios en las
ciudades, se dictaminó que solo los hombres podían pertenecer a estos gremios,
excluyendo a las mujeres.
Para demonizar a estas mujeres cerveceras, a
muchas de ellas se las acusó de utilizar plantas, (seguramente sería el
lúpulo), el fuego y elaborar pócimas.
De esta imagen nació, en parte, la idea de las
brujas; aunque no todas las mujeres acusadas de brujería fueron cerveceras,
muchas de ellas sí fueron tratadas como brujas por la Santa Inquisición. Estas
brujas en el siglo XXI serían las curanderas.
Os dejo 2 cuadros de Goya al respecto: el
Aquelarre y Auto de fe de la Inquisición.
Si quieres conocer más curiosidades sobre curanderas y brujería, puedes leer mi nuevo libro LA LUZ DE LOS INVISIBLES (Toledo en 2024: novela policíaca con curanderas, leyendas y Santa Inquisición en la trama).
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