Durante los siglos VIII al IV antes de Cristo, la cultura griega influyó con sus ideas en el devenir del mundo. Los gobernantes acudían a la ciudad de Delphos en Atenas, para consultar el oráculo que se encontraba en el Templo de Apolo, considerado el centro del mundo.
La Pitia era la sacerdotisa del
Templo de Apolo que transmitía, normalmente en estado de trance, las profecías que
el Dios vaticinaba. De la denominación de pitia deriva la palabra pitonisa.
Las predicciones del oráculo eran
famosas por su ambigüedad, lo que permitía múltiples interpretaciones
dependiendo de cómo ocurrieran los acontecimientos futuros.
Aunque no se conservan esculturas antiguas de ella, algunos artistas modernos la han imaginado como os muestro en las fotos. Algunas de estas pitias fueron Sibila, Fimonol, Jenoclea, Aristócine, Perialla o Temistoclea.
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