En Toledo durante la Edad Media y Moderna los beaterios desempeñaron un papel importante en la vida religiosa femenina. Sin embargo, su historia es menos conocida que la de los conventos. El origen de muchos de estos conventos femeninos fueron estas comunidades donde se acogía a mujeres viudas o solteras, libres de toda clausura, convirtiéndose en una salida social segura y digna para ellas.
Los beaterios eran comunidades
femeninas religiosas que no estaban sujetas a las reglas estrictas de las
órdenes religiosas, ni hacían votos, por lo que tenían una vida menos rigurosa
que la conventual. Muchas de estas comunidades se dedicaban a labores de
cuidado de personas enfermas y enseñanza de niñas, lo que asentaba su papel en
la sociedad y justificaba su existencia ante las autoridades eclesiásticas.
Algunos beaterios fueron fundados o sostenidos por familias nobles toledanas
que los consideraban obras de caridad y otros estaban vinculados a órdenes
religiosas, como dominicas o franciscanas.
Muchos de estos beaterios que
había en Toledo se convirtieron en conventos, ya por evolución de la propia
comunidad, ya por imposición eclesiástica. Claro ejemplo de ello son los
conventos de Santa Clara, Madre de Dios o Santa Úrsula, que ya no tienen
comunidad de clausura, por falta de monjas y nuevas vocaciones. Otros, sin
embargo, siguen abiertos como el convento de Las Gaitanas o el de Las Jerónimas
de San Pablo.
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