Cada abril, el gran cortejo de Las Mondas avanza hacia la Basílica de la Virgen del Prado, manteniendo viva una tradición que hunde sus raíces en los antiguos ritos paganos a la diosa Ceres, cuando la tierra era honrada para asegurar fertilidad y abundancia.
Detrá de él avanza el alcalde de Gamonal, junto con su
delegación, portando el bastón de mando, símbolo de la autoridad histórica del
pueblo y de su vínculo con Talavera.
A esta tradición ancestral hago referencia en mi próximo
libro, dando vida a Las Mondas como parte esencial de nuestra memoria
colectiva.
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Cuando los carneros con su simbolismo se acercan a la Basílica del Prado, Gamonal no solo participa, sino que encarna el origen mismo de Las Mondas.
El carnero fue durante siglos el
animal asociado a Ceres, la diosa que protegía los rebaños y enseñó a los
hombres a cuidarlos y aprovechar su lana. Por eso su presencia en Las Mondas no
es casual: forma parte del antiguo lenguaje simbólico de la fiesta.
En tiempos pasados, martes,
miércoles y jueves los pueblos de la Tierra de Talavera llegaban a la ciudad
con sus Mondas en carretas de bueyes adornadas, acompañadas de música, cantos y
bailes para ofrecerlas a la Virgen del Prado. Localidades como Gamonal,
Mejorada, Segurilla, Pepino o Cebolla destacaban por la fuerza y vistosidad de
sus cortejos.
Entre todas ellas, el que terminó
convirtiéndose en auténtico emblema fue el carrito de los carneros de Gamonal.
Este animal estaba ligado a los
antiguos cultos de Ceres como ofrenda aceptada por la diosa, y su nombre podría
derivar de haber sido el primer animal sacrificado en los altares paganos.
A todo ello se suma un detalle
astronómico: el paso del sol por la constelación de Aries, representada por un
carnero, marca el inicio de la primavera, justo cuando se celebran Las Mondas.
El carnero simboliza así el renacer de la naturaleza y el comienzo de las
labores agrícolas, bajo la protección de Ceres. Incluso la figura mítica de
Crisómalo, el carnero alado del Vellocino de Oro se asociaba al tiempo de
siembra y trabajo en el campo.
Hoy, el privilegio de contar con estos carneros domados para tirar del carrito se mantiene gracias a la familia Gómez, Joaqui y Jesús, herederos de la tradición de su padre Satur, que han transmitido este oficio a hijos y nietos. Su dedicación y maestría permiten que cada año siga vivo un rito único en España.

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