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jueves, 24 de junio de 2021

LA ORDEN DE TOLEDO.

CREACIÓN: La crea el inquieto cineasta Luis Buñuel el día 19 de marzo de 1923, por entonces un joven estudiante que residía en Madrid, deseoso de nuevas experiencias. Al llegar a Toledo queda fascinado por la ciudad, sus calles, su vetusta historia y las múltiples leyendas en torno a ella. 

Al comenzar la guerra civil española desaparecieron: la Orden de Toledo, muchos de sus documentos escritos y el mural que Dalí pintó en la Venta de Aires.

REGLAS: para pertenecer a la Orden había que cumplir estos preceptos:

- Vagar durante toda una noche por Toledo, borracho y en completa soledad.

- No lavarse durante la estancia.

- Acudir a la ciudad una vez al año.

- Amar a Toledo sin reservas y por encima de todas las cosas.

- Velar el sepulcro del Cardenal Tavera. (Años más tarde, Buñuel reflejó esta escena en la película Tristana, recordando así a sus amigos).

- Hospedarse prioritariamente en la Posada de la Sangre. El propio establecimiento contribuía a la regla de no lavarse, pues era frecuente encontrarte burros y carreteros en el corral (ver foto en el blog), sábanas sucias, chinches y sin agua corriente.

- Comer de forma predilecta en la Venta de Aires. Solían comer tortilla a caballo (con carne de cerdo), perdiz y vino blanco fuerte de Yepes.

ANDANZAS POR TOLEDO. Normalmente viajaban por tren desde Madrid, donde la mayoría se alojaban en Residencias Universitarias.

A partir de la 1 de la madrugaba, ya bastante ebrios, deambulaban por las sinuosas y laberínticas calles de Toledo, experimentando todo tipo de situaciones impensables para los habitantes de una ciudad cristalizada en el pasado, eclesiástica, militar y poco dada a las vanguardias de Madrid.

Durante estas noches interminables recitaban poemas a gritos, se disfrazaban de clérigos, fantasmas o mendigos y visitaban lugares como la Plaza de Santo Domingo el Real, o el convento de los carmelitas descalzos, para escuchar los rezos de las monjas y monjes. Se colaban en la catedral a través de los tejados y el Claustro.

Uno de los ritos de iniciación a los nuevos miembros consistía en dejarles individualmente solos en las calles de Toledo durante toda la noche y algo ebrios.


Foto de archivo rescatada de la página web ventadeaires.com. Podemos observar de izquierda a derecha a Pepín Bello, Moreno Villa, Luis Buñuel, Ernestina González, Salvador Dalí y a José María Hinojosa sentado. Está situada en la Venta de Aires de Toledo en el año 1924.

OJETIVO DE LA ORDEN. Sólo había uno, que era experimentar, sentir, divertirse, disfrutar, parrandear, evadirse, aprender, crear, reír, dejarse de llevar por sensaciones nuevas. Nunca tuvo objetivos políticos, militares o religiosos como se ha llegado a insinuar.

GRADUACIONES. De forma jocosa e irónica, pero con respeto, Luis Buñuel asignó a cada grupo de los casi 50 componentes de la Orden un rango jerárquico, imitando la graduación llevada a cabo en el ejército. De esta forma Luis Buñuel se autoproclamó “Condestable”. Otros componentes eran nombrados “Caballeros”, “Escuderos”, “Invitados” o incluso “Amigos de invitados”. Para hacerse con el título de caballero era imprescindible permanecer despierto durante una noche. Quien se dormía era degradado a escudero o invitado.

Documento con todas las graduaciones de algunos de los miembros que componían la Orden, rescatado de la página web: latribunadetoledo.es.

EXPERIENCIAS DE BUÑUEL Y ALBERTI.

Luis Buñuel contaba lo siguiente: “me paseo por el claustro gótico de la catedral, completamente borracho, cuando, de pronto, oigo cantar miles de pájaros y algo me dice que debo entrar inmediatamente en Los Carmelitas, no para hacerme fraile, sino para robar la caja del convento.

Me voy al convento, el portero me abre la puerta y viene un fraile. Le hablo de mi súbito y ferviente deseo de hacerme carmelita. Él, que sin duda ha notado el olor a vino, me acompaña a la puerta”.

Rafael Alberti narra así su ceremonia de iniciación en la Orden: A pesar del rigor para ser admitido, yo lo fui. Cumpliendo cláusulas severas del reglamento de la orden, los hermanos dejaban la posada cuando ya del reloj de la catedral había caído la una, hora en que todo Toledo parece estrecharse, complicarse aún más en su fantasmagórico y mudo laberinto. Aquella noche de mi iniciación en los secretos de la orden salimos a la calle, llevando todos los hermanos, menos yo, ocultas bajo la chaqueta, las sábanas de dormir, sacadas con sigilo de las camas de nuestros cuartos. Luis Buñuel actuaría de cofrade mayor. El acto poético y misterioso preparado para la madrugada, iba a consistir en hacer revivir toda una teoría de fantasmas por el atrio y la plaza de Santo Domingo el Real. 

Después de un tejer y destejer de pasos entre las grietas profundas del dormido Toledo, vinimos a parar al sitio del convento en el instante en que sus defendidas ventanas se encendían, llenándose de velados cantos y oraciones monjiles. Mientras se sucedían los monótonos rezos, los cofrades de la hermandad, que me habían dejado solo en uno de los extremos de la plaza, amparados entre las columnas del atrio, se cubrieron de arriba abajo con las sábanas, apareciendo, lentos y distanciados por diversos lugares, blancos y reales fantasmas de otro tiempo, en la callada irrealidad de la penumbra toledana.

La sugestión y el miedo que comencé a sentir iban subiendo, cuando de pronto las ensabanadas visiones se agitaron y, gritándome: “¡Por aquí, por aquí!”, se hundieron en los angostos callejones, dejándome -una de las peores pruebas a que se veían sometidos los novatos de la hermandad- abandonado, solo, perdido en aquella asustante devanadera de Toledo, sin saber dónde estaba y sin la posibilidad consoladora de que alguien me indicase el camino de la posada, pues además de no encontrar a esas alturas de la noche un solo transeúnte, en Toledo, si no le informan a uno a cada treinta metros, puede considerarse, y aun durante el día, extraviado definitivamente. Así que me eché a caminar por la primera callejuela -muy contento, por otra parte, de mi falta de brújula-, decidido a dejarme perder hasta el alba.

Andar por Toledo, y en la oscuridad de una noche sin luna como aquélla, es adelgazarse, afinarse hasta quedar convertido en un perfil, una lámina humana, dispuesta a herirse todavía, a cortarse contra los quicios de tan extraña resquebrajadura, es volverse de aire, silbo de agua para aquellos enjutos pasillos, engañosas cañerías, de súbito chapadas, sin salida posible, es siempre andar sobre lo andado, irse volviendo pasos sin sentido, resonancia, eco final de una perdida sombra.








 

sábado, 21 de septiembre de 2019

¿POR QUÉ HAY TANTOS CONVENTOS EN TOLEDO?


Desde la Edad Media Toledo ha sido la ciudad de España donde más conventos ha habido. Sin embargo, hace pocos años que es Madrid la ciudad que cuenta con más conventos, aunque proporcionalmente al número de habitantes, Toledo se sigue considerando una ciudad conventual. Por esta razón, durante mucho tiempo se la llamó la Roma española.

En su época más esplendorosa Toledo llegó a contar con 24 conventos femeninos y hasta 18 masculinos. Actualmente este número se ha reducido a 17 conventos, que para la población que tiene Toledo siguen siendo muchos.


Una característica de estos conventos es la gran superficie de terreno que ocupan, estimada ésta en un 10 % de todo el casco histórico de Toledo. Igualmente, muchos de estos conventos son de Clausura, ocupándose las religiosas y religiosos de su conservación. Se les ha llamado la arquitectura del silencio y dan originalidad a esta ciudad, aunque sea de forma oculta tras sus muros.

Pero… ¿Por qué razón hay tantos conventos en Toledo? y tan grandes. El clero en la Edad Media siempre iba de la mano de los reyes y la nobleza. En el siglo XV, cuando Toledo fue capital imperial del Reino, empezaron a proliferar los conventos, aunque no eran excesivos, ni ocupaban grandes edificios.

Fue a finales del siglo XVI, cuando la capital ya estaba consolidada en Madrid, cuando empezaron a multiplicarse las órdenes religiosas. Al trasladarse el rey a Madrid, la mayoría de los nobles, señores y caballeros de Toledo desocuparon sus casonas y palacios, trasladándose con la Corte a la capital.

Dejaron a las religiosas durante años encargadas del cuidado de sus viviendas en Toledo. Estas monjas instalaron provisionalmente en ellas primero sus templos, para posteriormente con el tiempo edificar aquí sus conventos. De ahí, la enorme extensión de algunos de estos centros religiosos.

Esta conventualización de la ciudad hizo que Toledo pasase de ser una capital política a ostentar una capitalidad religiosa. Gracias a esta circunstancia muchos de los edificios de Toledo que actualmente podemos ver como grandes monumentos del siglo XVI y XVII, son edificios que han sido o son religiosos.

Debido a la falta de vocación en España, el número de monjas ha descendido muchísimo, llegando a ser en la actualidad alrededor de 152 mojas solamente, de las cuales casi un 50 % son de países sudamericanos o de la India, y las españolas que hay son muy mayores. Esta situación está haciendo que muchos conventos e iglesias tengan que cerrar sus puertas.

En esta tesitura se encuentra por ejemplo el Convento de Santiago Apóstol, situado en los cobertizos. Sus religiosas son conocidas como las Comendadoras de Santiago. En torno al 80 % son de otra nacionalidad.

Algunos ejemplos de estos edificios son los siguientes:

-El Convento de San José, de las monjas Carmelitas Descalzas, ocupa actualmente una propiedad que les cedió el Conde de Montalbán.

-El Convento de la Purísima Concepción, conocido como de las Capuchinas por las religiosas que viven en el monasterio, se instaló en unas casas pertenecientes a Don Juan de Isasaga y Mendoza.

- El antiguo Convento de San Gil, de la orden de los franciscanos descalzos o gilitos, se construyó en unas casas cedidas por Don Antonio de Córdoba y Aragón, caballero de la Orden de Santiago. Actualmente, este edificio es la sede de las Cortes de Castilla-La Mancha.

Si quieres conocer más de estos conventos, puedes acceder a las entradas individuales de cada uno de ellos.









viernes, 19 de marzo de 2021

ESCULTURAS EN LAS CALLES DE TOLEDO.

JUAN DE PADILLA. Este personaje nació en Toledo en el año 1490. Pertenecía a una ilustre familia de hidalgos toledanos, llegando a ser regidor de la ciudad. Dirigió la sublevación de las ciudades de Castilla contra el rey Carlos I de España y V de Alemania. A este conflicto se le denominó “la Guerra de las Comunidades de Castilla”.

Tras obtener algunos éxitos militares fue derrotado en Villalar (Valladolid). Le ejecutaron en esta ciudad, junto con los otros líderes de la rebelión, Juan Bravo y Francisco Maldonado. Su viuda, María Pacheco, sostuvo por algún tiempo más la rebelión de Toledo, hasta febrero del año 1522. Tuvo que irse a Portugal, donde acabó sus días viviendo de la caridad.

Toledo le hizo un reconocimiento, dando su nombre a la plaza donde estaba situada su casa (la plaza de Padilla). La casa donde vivió el matrimonio en Toledo fue destruida por orden del rey, esparciéndose sal, con el objetivo de que en el terreno no volviera a crecer la hierba.

En el año 2015, en esta misma plaza, le erigieron la estatua de la foto que os dejo. Mide 2,57 metros, pesa casi una tonelada y está hecha en bronce.

GARCILASO DE LA VEGA. Poeta renacentista que nace en Toledo en el año 1503. Perteneció a una familia noble castellana. Muy joven se integró en la Corte del rey Carlos I de España, donde fue educado en las letras, la música y la destreza militar.

Ingresó en la Orden de Santiago y participó en muchas expediciones militares, llegando a ser nombrado caballero en el año 1523, sirviendo como miembro de esta orden con el Duque de Alba.

Como poeta su obra se publicó una vez fallecido. Se le atribuye la introducción del endecasílabo en España. La mayoría de su obra hace referencia al amor de Garcilaso hacia una joven portuguesa, Isabel Freyre, cuya muerte prematura le influyó en sus poemas de amor.

En su última batalla a las órdenes del rey Carlos I le hirieron gravemente, falleciendo en Niza con 33 años. Su estatua se encuentra en la plaza de San Román, mirando a la iglesia donde está enterrado, la iglesia de San Pedro Mártir. 

EL CARDENAL SANCHA. Nació en el año 1833. Después de una vida religiosa, en el año 1898 fue nombrado arzobispo primado de Toledo. Lideró unidad de los católicos. Promovió e imprimió un estilo propio al Seminario, enfocándolo hacia una recta formación intelectual y espiritual. Cuando llegó a Toledo se encontró con una ciudad decadente, tanto en lo social como en lo político y eclesiástico.

Dedico todos sus esfuerzos en la ayuda a la clase obrera, impulsando el sindicalismo católico, promovió la fundación de periódicos católicos con el propósito de conciliar diferentes ideologías.

Se le apodó el “Padre de los pobres” por su labor con los más necesitados. Un mes de febrero de 1909 falleció, después de llevar ropa y comida a los más desfavorecidos de los arrabales de Toledo. La clase social más baja de la ciudad contribuyó a sufragar el importe de su lápida, donde se podía leer el epitafio “Vivió pobre, murió paupérrimo”.

Fue un hombre lleno de afecto y caridad, que acudía donde la miseria y la pobreza acechaba a los más pobres. Se le beatificó en Toledo en octubre de 2009. Sus reliquias se encuentran en la capilla de San Pedro de la catedral de Toledo.

El reconocimiento de Toledo a su labor lo podemos ver en forma de escultura en la Plaza del Padre Juan de Mariana, con la catedral al fondo, como testigo de su labor. 







miércoles, 18 de septiembre de 2019

CONVENTO DE SAN GIL. ACTUALES CORTES DE CASTILLA-LA MANCHA.


En el año 1557 llegan a Toledo un grupo de frailes pertenecientes a la orden de los franciscanos descalzos de San José. Estos religiosos profesaban los votos de pobreza, humildad y predicación del. No tenían medios económicos propios de subsistencia.

En aquella época en Toledo había alrededor de 60.000 habitantes, por lo que estaba prohibido construir dentro de las murallas. Por esta razón se instalan en un edificio cedido por un caballero de la Orden de Santiago y su mujer. La vivienda estaba fuera de la muralla muy cerca de un riachuelo en el Paseo de la Rosa.

Allí permanecen 5 años. Durante este tiempo el recinto donde viven se inunda en cinco ocasiones, debido a las crecidas del riachuelo, quedando en la última inundación el edificio totalmente anegado y enfangado, lo que provocó graves enfermedades a los monjes. Por otra parte, la comunidad incurre unas de sus reglas más importantes: la obligación de evangelizar, dada la lejanía del convento al centro urbano. Estar en extramuros significaba  también estar alejados de las relaciones sociales, económicas, políticas y eclesiásticas de la ciudad.

Por estas razones, en el año 1607, el Arzobispo de Toledo les da permiso para trasladarse intramuros, dentro de la muralla. Los mecenas encargados de sufragar los gastos de la nueva vivienda de los franciscanos fueron los hermanos clérigos D. Francisco y D. Juan de Herrera.

En principio se trasladan a la iglesia de San Miguel, mientras se construyen lo que sería la iglesia y el convento de San Gil, denominado coloquialmente como de los gilitos. El nombre de San Gil hace referencia a los primeros monjes de esta orden, que procedencia del Convento de San Gil de Madrid.

Se utiliza la instalación de una casa de huérfanos  perteneciente a la iglesia de San Cebrián, a la que se unen 15 viviendas más de los alrededores. Esta grandiosidad de edificaciones era normal en la época, convirtiéndose estos conventos en pequeñas ciudades, aisladas y cerradas, dentro del propio Toledo.

La construcción de la iglesia y establecimiento definitivo en este convento por parte de los gilitos no se hace efectiva hasta el año 1618, según consta en una lápida existente en la iglesia. El monasterio entero no se termina hasta el año 1625.

Tras varios años de pujanza y esplendor de la orden, los descendientes de los hermanos Herrera empiezan a desentenderse de la financiación a esta fundación conventual. Los monjes se costean a duras penas durante algunos años, gracias a las aportaciones del ayuntamiento, del rey y de particulares.

Con la llegada de la desamortización eclesiástica de Mendizábal, en el año 1840 este edificio es exclaustrado, pasando a ser propiedad municipal.

Durante los años posteriores el Ayuntamiento le da usos fueron muy diversos. Entre 1830 y 1939 fue cárcel provincial. Hasta 1939 pasa a ser cuartel de la Guardia Civil. Posteriormente, hasta 1985 se usó como parque de bomberos. También se usó como almacén y archivo de notarías.

El edificio se fue deteriorando hasta que el 31 de mayo de 1986 se rehabilita adecuadamente y pasa a ser sede de las actuales Cortes de Castilla-La Mancha, siendo lo que era la iglesia el actual Salón de Pleno.

La iglesia era muy sencilla. Tenía una nave sin capillas laterales, una capilla mayor y a sus pies el coro. En la capilla mayor fueron enterrados los fundadores Juan y Francisco de Herrera, mientras que a lo largo del suelo estaba las sepulturas de los frailes. Hoy, algunas de las losas de pizarra con que estaban cubiertas las podemos encontrar en el patio del convento tras una de las remodelaciones llevadas a cabo en él.

Para finalizar, no podemos dejar de mencionar las excavaciones que se han llevado a cabo en las inmediaciones que pertenecieron al convento. En ellas, se han documentado unas tenerías islámicas; una cerca de mampostería que podría ser uno de los límites de la judería; y, por la Calle de San Gil, unos aljibes y dos viviendas.

sábado, 3 de septiembre de 2022

LAS VENTAS EN TOLEDO EN LA EDAD MEDIA.


Mientras en Europa durante la Edad Media con motivo del resurgimiento del comercio aparecen las posadas, fondas y albergues, en España aparecen las “Ventas” en medio de los caminos o a las entradas de las ciudades. Aquí los viajeros podían descansar y dormir con sus caballos, mulos enjaezados o borricos y comer a cambio de dinero. También solían alojarse los clérigos, estudiantes, pastores o peregrinos.

El nombre de Venta se debe a que allí se alojaban principalmente los que tenían por objetivo vender sus productos en los mercados y ferias que se celebraban en la ciudad donde se encontraba la Venta. En ocasiones los hospedajes también hacían la función de casa de juegos.

Estos alojamientos proliferaron, entre otras razones, debido a sus bajos precios y a que, quien quisiera y pagara, también podía conseguir una mujer a precios bajos. Solían ser muy grandes y recibían a grandes grupos de viajeros de toda clase social, tanto a grandes mercaderes como a vendedores ambulantes que acudían a las grandes ferias y mercados de ciudades como Toledo o Talavera de la Reina.

No tenían buenas condiciones sanitarias. Los huéspedes tenían que instalarse en habitaciones grandes comunes, incluso compartiendo cama. En algunas se llegaban a alojar en los establos junto al ganado y en otras el ganado estaba en la planta baja y los inquilinos en la parte alta. Poseían grandes porches exteriores. Solían estar junto a pequeñas iglesias.

En Toledo recordamos la Venta de Caravantes, la Venta Carranza, la Venta del Alma o la Venta de Aires, entre otras. Algunas de ellas siguen en pie en la actualidad,  convertidas en lugares de ocio, manteniendo el nombre de Venta.

Estaban situados en la carretera que viene desde los Montes de Toledo hacia la ciudad de Toledo, dirección al Puente de San Martín, entrada natural a la ciudad desde esta demarcación. No en vano esta zona era el lugar desde el que procedían la leña, el carbón o la piedra para la construcción.

Algunas fueron visitadas por personajes ilustres de la literatura y las artes como Galdós, Cervantes o el Lazarillo de Tormes en la Venta del Alma. En la Venta de Aires acudían con frecuencia a comer los integrantes de la conocida como Orden de Toledo como Dalí, Luis Buñuel, etc. Si quieres conocer en profundidad a esta Orden, puedes visitar mi blog: https://descubretoledoconmanuel.blogspot.com/search?q=orden+de+toledo

Hay quien afirma que en la Venta del Alma tuvieron lugar los episodios amorosos que dieron lugar a la encarcelación del Arcipreste de Hita.

De la función de estas “Posadas” sólo queda el recuerdo de haber sido el oasis de caminantes y arrieros, refugio de carros, carretas y caballos atados a las argollas que en sus paredes estaban incrustadas. Con la aparición del tráfico estas ventas fueron perdiendo su función y los alojamientos se fueron instalando dentro de la ciudad.






 

martes, 24 de septiembre de 2019

TEMPLARIOS EN TOLEDO.


Intentar seguir las huellas de los templarios en Toledo es muy difícil, pues no hay documentación sobre ellos que atestigüe su presencia en la ciudad. Aun así intentaremos seguir sus pisadas por la ciudad.

En primer lugar os comentaré que esta orden fue fundada en torno al año 1118 por varios caballeros cristianos, con el objetivo de defender los Santos Lugares y a los peregrinos que viajaban a ellos. Se instalaron en el palacio que les cedió el rey Balduino I, que era una mezquita ubicada en lo que en su día había sido el Templo de Salomón en Jerusalén. De este templo procede su nombre (Orden del Temple).

Debido a las continuas invasiones musulmanas en la zona se reubicaron en Europa, donde el número de caballeros con la cruz roja y la capa blanca aumentó considerablemente. No sólo crecieron en número sino también en riquezas. En menos de 100 años esta Orden era una de las organizaciones más ricas, extendidas y poderosas de todo Occidente, contando entre sus riquezas con dinero, tesoros, tierras, castillos, barcos, múltiples templos y vasallos. Llegaron a contabilizarse hasta 35.000 caballeros templarios.

En Toledo se les sitúa en torno al barrio de San Miguel, junto al Alcázar y muy cerca de la catedral (siempre junto al poder). Las primeras señales templarias las podemos apreciar en la puerta llana de la catedral. Siguiendo calle abajo, en la fachada de la mismísima catedral, observamos tras una hornacina una Virgen negra, más que probable de origen templario y que se sospecha veneraban los caballeros en la iglesia de San Miguel el Alto, supuestamente iglesia de referencia de la orden cuando pasaban por la ciudad. Esta parroquia conserva un capitel gótico y una campana con el escudo de la orden del temple, lo que parece atestiguar la presencia de la orden en la ciudad.

Calles como la del “Locum”, “el callejón del diablo” o “el callejón del infierno”, situadas  en este barrio, nos dan una idea de la simbología, leyendas y mitos que rodeaban a estos señores. También están cerca otras calles con referencias al Temple: la calle de la Candelaria, Virgen muy adorada por los guerreros de la Orden,  las calles “de la flor” y “del Can” (hace años “espinar del Can”). La rosa y la espina eran símbolos templarios.

Igualmente, existen por esta zona varias cuevas y subterráneos, e incluso debajo de la propia iglesia de San Miguel, que se los asocia con los templarios. Se dice que en estos lugares se reunían y guardaban sus tesoros y sus conocimientos, los cuales nunca encontró nadie.

A algunas de las casas de este barrio se las denomina “Casas del Temple”, que harían de hospedería cuando los caballeros pernoctaban en Toledo. Actualmente, se puede visitar la denominada “Casa del Temple”.

La iglesia de San Juan de los Reyes parece ser otro conocido lugar templario. En una de sus fachadas podemos leer: “Non nobis domine, non nobis sed tuo da gloria”, que traducido es “Nada para nosotros Señor, sino a tu santo nombre hemos de glorificar”. Igualmente, en la tumba de su arquitecto aparecen dibujados caballeros templarios.

El Castillo de San Servando es considerado castillo templario hasta finales del siglo XII, siendo su situación un lugar estratégico para proteger la entrada a la ciudad a través del puente de Alcántara.

Varias leyendas sitúan en estos lugares “La Mesa de Salomón” , “El Santo Grial” o “El Arca de la Alianza”. Hasta el mismísimo nazi fundador de la SS Heinrich Himmler, rastreador de estos objetos mágicos, pasó, ilógica y misteriosamente, por Toledo en el año 1940.

¿Qué hay de verdad y de leyenda sobre la presencia de los templarios en Toledo? Que cada uno saque sus propias conclusiones.



miércoles, 13 de noviembre de 2019

CONVENTO DE SANTA ÚRSULA EN TOLEDO.


FUNDACIÓN. Aunque no se sabe con certeza el porqué de la titularidad del monasterio, siempre ha habido mucha devoción por parte de los cristianos a Santa Úrsula. Este fervor aumentó en el en siglo XII, a raíz de una leyenda que hacía referencia al martirio de la Santa. No es extraño que surgiesen fundaciones con el nombre de esta venerable Santa.

Se sabe que en el lugar donde está edificado el convento antes había un pequeño cenobio, allá por el año 1259. Aunque no hay documentos escritos que lo certifiquen, sí se encontró un frontal en el altar del coro con esta fecha, lo que puede avalar esta fecha como la de su fundación.

Los primeros años fueron complicados para las religiosas, aunque su vida pobre pero sacrificada y de religiosidad hacia los demás, hizo que algunos bienhechores adinerados comprasen varias casas, solares y tierras de cultivo, que donaron a estas religiosas, entre ellos el adinerado Ioan Díaz y su esposa.

En el año 1360 D. Diego González, arcediano de la orden de Calatrava, dejó gran parte de su herencia a estas monjas para que construyesen una iglesia, cosa que hicieron una vez que el Cabildo les cedió unos terrenos junto al cenobio, lo que les permitió también ampliar el monasterio. El apogeo del convento culminó con la dependencia de la comunidad de Santa Úrsula en 1365 de la Orden de San Agustín.

ACONTECIMIENTOS. En el año 1661 veinticuatro monjas se vieron afectadas por una epidemia de difteria, siete de las cuales murieron. El superior de la comunidad aconsejó abandonar el monasterio, pero las religiosas decidieron permanecer en él acompañando a las enfermas.  De este suceso da fe un documento que se guardaba en la sacristía. A partir de aquí la vida de las religiosas fue de dedicación a la oración, bajo la regla de la observancia.

Más tarde, en el año 1808, con la invasión de los franceses fueron obligadas a abandonar el monasterio, quedando recluidas en el convento agustino de San Pablo de los Montes de Toledo, donde permanecieron hasta mediados de 1809 que volvieron. Pudieron observar cómo había desaparecido varias piezas de gran valor artístico. Sólo se salvaron aquellos que escondieron antes de marcharse en un pozo

La comunidad inició un periodo de pobreza, siendo obligadas a vender parte de sus propiedades rupestres. Otros años difíciles para ellas fueron el año 1835, con la desamortización y la exclaustración de conventos o las vicisitudes de la guerra civil española del año 1936.

Hacia 1956 la priora Elena de la Asunción fue la gran responsable de la recuperación de la comunidad. Instaló una residencia para jóvenes estudiantes, que junto con la venta de mazapanes pudo sufragar sus gastos principales. Finalmente, en el año 2015 el convento fue cerrado debido a la falta de vocaciones y a la edad avanzada de las 4 monjas que quedaban. Dos de ellas están en el Convento de Las Gaitanas en Toledo y las otras dos en las dependencias que la orden tiene en Talavera de la Reina.

EL EDIFICIO. La iglesia consta de 3 naves con un ábside medieval que es de los más espectaculares que se conservan en la región. Destacan los restos mudéjares de 1360, con el techo de madera de la sacristía, formando estrellas de 8 y 16 puntas con un friso alrededor. Hay que resaltar el espectacular retablo de “La Visitación”, obra de Alonso de Berruguete de 1535 (ver foto). A la derecha del ábside se encuentra una sala llamada «coro viejo». Se conserva la primitiva puerta de entrada, que sirve ahora de acceso a la iglesia. En la fachada podemos ver tres ventanas con arcos de herradura apuntados, que a su vez están resguardados por otros lobulados. 

El convento  vivió varias reformas en los años 1.623 y 1.758, pudiendo observar actualmente varias dependencias, que giran en torno a dos patios. La primera de estas reformas fueron pagadas por Don Antonio de Ulloa y su esposa Inés de Bazán, cuyos escudos podemos ver en la fachada. Esta remodelación afectó principalmente a la capilla mayor, lugar donde mandaron ser enterrados.

El retablo está constituido por tres cuerpos, ocupando el superior el Calvario; una escena de la Visitación, la parte central, rodeada de san Cristóbal y san Antonio; y el inferior, la Virgen, acompañada por san Juan Bautista y san Sebastián.




martes, 9 de septiembre de 2025

SAN PEDRO MÁRTIR EN TOLEDO.

 

Se fundó en el año 1407 por la orden de los dominicos. Este convento es uno de los tesoros históricos de Toledo. Desde su nacimiento fue uno de los lugares espirituales más grandes y de más importancia de la ciudad.

Merece muchísimo la pena visitar sus claustros. El Claustro Real es una joya renacentista diseñada y dirigida por Alonso de Covarrubias; el Claustro del Silencio, es gótico y el más antiguo del convento y el Claustro de los Naranjos, fue lugar de procesiones y donde se llevaba a cabo la vida eclesiástica.


Se conserva la iglesia con tumbas como la del poeta Garcilaso de la Vega y los bustos de dos personajes que han dado lugar a la leyenda del Beso de Gustavo Adolfo Bécquer.

Con la desamortización tuvo diferentes usos, llegando a estar muy abandonado, hasta que se restauró a finales del siglo XX. Acoge actualmente la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Excepto la iglesia, se puede visitar de forma gratuita y admirar este conjunto donde el pasado medieval y renacentista sigue vivo, conviviendo con el presente académico.

RELACIÓN DE LOS DOMINICOS Y LA ESCULTURA DEL PERRO.

La asociación de los dominicos con perros en sus tumbas y en su iconografía procede de una combinación de juego de palabras medieval, simbolismo religioso y una leyenda sobre el nacimiento de Santo Domingo.

Origen del símbolo del perro en la tradición dominica

1. Juego de palabras: Domini canes (“perros del Señor”)

En la Edad Media se hizo popular un calembur con el nombre de la Orden de Predicadores:

  • Dominicanos → Domini-canes en latín, que significa “los perros del Señor”.
    Esto reforzaba la idea de que los frailes dominicos eran vigilantes doctrinales encargados de “guardar” la fe de la Iglesia.

2. La visión de la madre de Santo Domingo

Según una leyenda temprana de la vida de Santo Domingo de Guzmán:

  • Su madre, Juana de Aza, soñó antes de dar a luz que llevaba en el vientre a un perro con una antorcha en la boca, capaz de incendiar el mundo (de luz, es decir, del Evangelio).
    Este sueño se interpretó como que su hijo iluminaría y reformaría la Iglesia.

3. Iconografía medieval

A partir del siglo XIII los artistas empezaron a representar:

  • A Santo Domingo acompañado de un perro con una antorcha.

  • A frailes dominicos en tumbas o relieves con perros a sus pies, simbolizando fidelidad, vigilancia y predicación.

4. Simbolismo adicional

El perro también representa:

  • Fidelidad a la doctrina.

  • Vigilancia contra la herejía (los dominicos fueron clave en la Inquisición medieval).

  • El celo misionero de la Orden de Predicadores.

¿Por qué en las tumbas?

En muchas tumbas medievales es común colocar animales simbólicos a los pies de los difuntos:

  • Un león para príncipes o caballeros.

  • Un perro para mujeres nobles (fidelidad conyugal).
    Los dominicos adoptaron su propio animal emblemático por estas tradiciones escultóricas, reforzando su identidad espiritual.


Si quieres sabes más sobre este convento o ver más fotos, lo puedes hacer de forma gratuita y sin publicidad en mi blog pinchando en el siguiente enlace:
https://descubretoledoconmanuel.blogspot.com/2019/09/convento-de-san-pedro-martir-en-toledo.html



sábado, 21 de septiembre de 2019

LA ESPADA TOLEDANA.


El acero de Toledo siempre ha estado apreciado como el mejor material de la historia con el que se forjaron las espadas que han permitido conquistar grandes territorios. Sus espadas resultaron muy superiores a las enemigas en muchas batallas.

Esta fama residía en la habilidad con que los artesanos manejaban el “Temple”. Esta destreza ha sido guardada por los maestros espaderos de Toledo, siendo transferida  de generación en generación hasta nuestros días, pudiendo aseverar por ello que el Acero de Toledo es único en el mundo. La tradición popular habla de que la espada toledana debía su calidad a ser templada con el agua del río Tajo y la arena de sus orillas.



Cuando empezó el verdadero auge de la espada toledana fue en los siglos XV y XVI, con la presencia de espaderos de gran calidad, situando la mayoría de sus talleres en lo que es la actual Calle Armas (la que parte del Miradero a Zocodover). Posteriormente, a principios del siglo XVIII se creó la Real Fábrica de Armas Blancas de Toledo por orden de Carlos III en 1761, ubicada en la Calle Núñez de Arce (frente al Miradero). Más tarde se trasladó a su ubicación en lo que ahora es la Universidad de la Fábrica de Armas. Actualmente apenas quedan en Toledo 3 espaderos que fabriquen espadas.

En Toledo se forjaron espadas como la de Hannibal, El Cid, El Gran Capitán, y por supuesto la de la mayoría de reyes españoles como Sancho IV, el Bravo, cuya espada podemos ver en la catedral de Toledo.

Durante los siglos XVI y XVII era muy frecuente que todos los hombres llevasen una espada ropera como una parte más de su vestimenta habitual. Los pintores de la época, entre ellos el Greco, así lo reflejaban en muchos de sus cuadros.

No sólo las llevaban la nobleza o los hidalgos de la época, sino era normal ver a cualquier artesano (curtidor, herrero, etc.) salir de su casa con la espada en ristre. La llevaban los hombres como símbolo de virilidad y gallardía, aunque la realidad es que había hombres que sabían utilizarla y muchos otros que no.

Todas las espadas llevaban la firma de la casa que las realizaba. Una de las marcas más famosas de la época fue la del “perrillo” que llevaba un pequeño perrito grabado en la hoja, aunque había números sellos. Muchas de estas marcas eran falsificadas, como ocurre actualmente con los perfumes o la ropa.

La espada toledana era relativamente ligera y muy estrecha, no pudiendo medir más de 3 centímetros. Pesaba en torno a 2 ó 3 kg lo que hacía que se pudiese portar con facilidad, y que se pudiese manejar relativamente bien. Tenía mucha flexibilidad y se llevaba inclinada sobre el cinturón. Las empuñaduras podían ser de lazo, cazoleta o concha. Había normas sobre sobre el tipo de espada que se podían portar. Los alguaciles se encargaban de que se cumpliese esta normativa, y si no se cumplía partían las espadas ilegales.

Aun así, había muchos asesinos, duelistas, delincuentes y mercenarios habituales que incumplían estas normas, con lo que solían ganar los enfrentamientos al alcanzar con más facilidad el cuerpo del adversario.

Hay que trasladarse a esa época en la que se moría y se mataba con relativa facilidad. Así nos los muestran los literatos de la época, y la abundante documentación existente sobre muertes como consecuencia de los duelos. Hasta tal punto llegó a ser tan frecuente, que el propio Vaticano en el Concilio de Trento promulgó la prohibición del duelo, bajo la amenaza de excomulgar de Europa a los duelistas.





martes, 24 de septiembre de 2019

SINAGOGA DE SANTA MARÍA LA BLANCA EN TOLEDO.


-ORIGEN Y EVOLUCIÓN: Para hablar de este edificio tenemos que caminar en el tiempo hasta el año 1180, año de su construcción, como así se deduce de la inscripción que hay en una de sus vigas.
En el año 1250 la sinagoga sufre un incendio que prácticamente la destruye. Se reconstruye en 1260 gracias a un permiso del rey Alfonso X, El Sabio, haciendo caso omiso de una bula del papa Inocencio IV.

Funciona como sinagoga durante 211 años, permitiendo el culto a los judíos hasta el año 1391. En este año el pueblo judío sufre en toda la península una serie de convulsiones que llegan a Toledo, a partir de las cuales esta Sinagoga es cedida a la Orden de Calatrava y consagrada en 1411 al culto cristiano, bajo el conocido nombre de Santa María la Blanca.
A partir de 1550 se utiliza para diferentes funciones: refugio para mujeres públicas arrepentidas, durante el siglo XVI permanece desocupado, en el siglo XVIII fue cuartel de las tropas de la guarnición de Toledo, a principios del XIX las tropas de Napoleón la convierten en almacén. Posteriormente se declaró monumento nacional y, tras la guerra civil española, volvió a depender de la iglesia.
En la actualidad el edificio pertenece a la Iglesia Católica, aunque no se realiza culto en él. Está abierto al público diariamente. Se hacen exposiciones y se llevan a cabo actividades culturales.
CULTO HEBREO: recordad que en época medieval la judería de Toledo era una de las mayores de España. Contaba con diversos edificios públicos como escuelas, llamadas madrisas, baños y hasta diez sinagogas. La tradición hablaba de que allí donde hubiese diez familias judías se colocase un lugar para la oración. De esto se deduce que se construyó para integrar las necesidades espirituales de una comunidad próspera y cada vez más numerosa, debido a la llegada a la ciudad de judíos provenientes de Al-Andalus.

Los actos en la sinagoga los dirigía el rabino, quien además hacía de juez, educador y examinador de la vida de la comunidad. La Sinagoga era un lugar de oración, de reunión de la comunidad judía y en ella se leía y estudiaba la Torá (la ley de Moisés). Estos se conservan en un arca situada en la pared que mira hacia Jerusalén. En Santa María la Blanca había en el centro de la Sinagoga  un atril, frente al arca, en el que se situaba el oficiante y desde el que leía los rollos de la Torá a los asistentes. 

En los laterales solían colocarse asientos para los concurrentes más destacados, mirando hacia el centro. El resto de los hombres se situaba detrás. A ambos lados del centro solían hallarse los corredores para las mujeres. En algunas ocasiones las mujeres se hallaban ocultas detrás de una celosía o de una cortina, y eran dirigidas en la oración por una mujer formada.
-CARACTERÍSTICAS ARQUITECTÓNICAS: curiosamente, la Sinagoga fue edificada por alarifes y constructores musulmanes, aunque financiada por la comunidad judía toledana. De ahí que su estilo arquitectónico sea mudéjar y esté muy influido tanto por el arte almohade como por el mozárabe. Se la denominaba la “Sinagoga Mayor” al ser el principal culto hebrero en Toledo.
Debido a la costumbre hebrea de “vivir hacia el interior” el exterior es muy sobrio, y el interior también es austero  aunque con elementos muy elaborados.
Las paredes son blancas, lisas y están hechas de ladrillo. Tiene cinco naves estrechas separadas por 32 pilares sobre los que descansan arcos de herradura. Estos pilares son octogonales con zócalo de azulejos, su decoración es geométrica en los frisos y vegetal en los capiteles, formando la estrella de David, y en los que todos son diferentes. Las naves están orientadas de este a oeste, siendo la central más alta que el resto. Todas estas características y la distribución de los espacios tienden a recordar la tipología propia de una mezquita.